martes, 5 de agosto de 2014

Pacifistas y pacificadores

 
 
Aquí nos tenés
a manos flageladas
y el corazón frenetico
para no callar lo que no digo
para no hacer de la vida una muerte;
el aliento hecho palabra
que se escapa del pecho.
Pacifistas y pacificadores
hijos bastardos de la justicia,
dormidos entre las viseras de un sueño,
polvo del polvo,
de la miel y el vino,
de saliva y néctar divino.
la sangre no hace montañas
sí no es de pueblo,
¡Oh! pueblo,
la palabra hecha dios,
la carne hecha masa,
la lengua hecha llama.
Y vosotros,
siempre rancios de clavos y cruces
no veréis las flores de la primavera,
ni la noche en su romancero,
ni una abeja, ni un ave,
todo sera cenizas ante sus ojos.
Y la manos,
manos de vuestra misma carne
perforaran sangre como vuestra sangre.
Y así el fuego maldito
hecho cenizas de primavera,
hundirá sus rencores
al anochecer de un beso.